Nadie sabe cómo será el futuro pero sabemos que será muy distinto del presente y que serán nuestras decisiones individuales y colectivas, sustentables o no, las que lo determinen.
Nuestras decisiones a su vez guardarán relación con nuestra cultura, que es básicamente nuestro sistema de creencias, valores, actitudes, costumbres e instituciones. La cultura determina las relaciones sociales, de género y de raza, afecta la forma en que percibimos al mundo y a nosotros mismos; modifica nuestra interacción con otros y con la naturaleza.
Por lo tanto, una sociedad sustentable únicamente podrá ser conformada a partir de un mosaico de culturas sustentables en el plano local. Implica entonces una ética global que será conformada desde la diversidad cultural y que dependerá de decisiones individuales que tome cada persona en su comunidad.
Debemos respetar y valorar la diversidad de culturas pero debemos también llegar a un entendimiento global respecto de la necesidad de adoptar un nuevo estilo de desarrollo que sea sustentable en el largo plazo y que abarque a toda la población mundial.
Debemos cambiar; debemos actuar y debemos hacerlo en los ámbitos en los cuales cada uno de nosotros se desempeña. Pero siempre debemos hacerlo siendo conscientes de que nuestras decisiones afectan a otros y que las comunidades locales se encuentran insertas en una realidad más amplia. Es decir, debemos pensar globalmente y actuar localmente.
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